Columna: Por qué todavía necesitamos bibliotecas
En tiempos de pantallas, el libro y el espacio para leerlo siguen siendo una puerta de entrada a las oportunidades.

Alguien me preguntó hace poco si las bibliotecas no estaban pasadas de moda, ahora que todo está en el teléfono. Le respondí con otra pregunta: ¿todo el mundo tiene un teléfono, una conexión estable y un lugar tranquilo para leer?
Una biblioteca es mucho más que un depósito de libros. Es un lugar donde un niño descubre una historia, un estudiante prepara un examen y una persona mayor aprende a usar una computadora. Es un espacio público, gratuito y abierto, algo cada vez más escaso.
Las mejores bibliotecas del mundo han sabido reinventarse: ofrecen talleres, clubes de lectura, acceso a internet y archivos digitales. Pero su esencia permanece: poner el conocimiento al alcance de todos, sin condiciones.
Invertir en bibliotecas, ampliar sus horarios y acercarlas a los barrios es una de las decisiones más rentables que puede tomar una comunidad. Los frutos no se ven de inmediato, pero duran generaciones.
